“Yo te bendigo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla…” (Mt. 11,25)Rafaela Cobos López
2 de Febrero de 1.918 al 25 de Octubre de 2.009
Rafaela Cobos, nació en Alomartes, provincia de Granada, en una familia de tres hermanas, que más tarde se trasladaron a vivir a Avilés, una ciudad asturiana, que para las Apostólicas tiene mucha resonancia, porque en ella nació Luz Casanova.
Un día, -nos cuenta ella misma- Conchita Alba, una auxiliar de Granada que me conocía bien, me animó a que entrara en la Congregación de las Damas Apostólicas, porque le parecía que éste era mi lugar en el mundo… y Conchita poco después, se aplicó a si misma el consejo que me había dado, y al descubrir que el suyo era la Compañía de María… hoy sigue perteneciendo a esta Congregación…
Así pues, Rafaela, se decidió a pedir la admisión en la Congregación, y el día 18 de Abril de 1.943, fue admitida por Luz Casanova a formar parte de esta familia religiosa… desde entonces, descubrió el carisma y la persona de Luz, y hasta el día de su muerte, la fidelidad a este carisma y el cariño a la Fundadora, ha estado presente en su corazón…
El día 2 de Febrero, hizo su primera Profesión en Chamartín y el 26 de Abril de 1951, se consagró a Dios para siempre…
Rafaela, Rafaelilla como algunas la hemos llamado siempre, por su pequeña estatura y por lo entrañable que a todas nos parecía su “saber estar”, ha vivido en la Congregación “acompañando” diversas misiones en muchas de las comunidades de la Provincia de España: en el comedor de Bilbao, de Pamplona, y Barcelona, con los niños y las chicas en Cáceres, Valencia y Acuerdo, con los peregrinos de Roma, con los sacerdotes de Larra, con los ejercitantes de Chamartín, y por último, Daimiel… si, sobre todo Daimiel, porque en este pueblo manchego, Rafaelilla encontró su sitio… y en Daimiel, ha vivido feliz los últimos 16 años de su vida apostólica… aquí ha sido acogida por sus gentes…
Ella quería y se sabía querida al mismo tiempo… por eso sus paseos eran siempre apostólicos, ya que con todos (as) se paraba a conversar, y las calles, la plaza, o el parterre… eran para ella espacios de “encuentro” y de mutua evangelización… reía con los que reían y lloraba con los que lloraban, y su alegría era una corriente de aire fresco, en todos los sitios donde se encontraba…
Amante de la comunidad y fiel al Encuentro con su Señor, su vida ha sido para quienes han tenido la suerte de convivir con ella, alguien que indicaba el Camino, sin palabras…
Todo ha sido para ella, motivo de crecimiento espiritual, no dejando pasar las oportunidades que se le han ido presentando: en la formación y la reflexión en grupo, de la “Vida Ascendente” o en “el aula de Mayores”… donde dejaba admiradas a las monitoras, por su sensibilidad para escoger siempre las noticias que tuvieran alguna repercusión social, y en donde los pobres, los inmigrantes, los excluidos… eran los preferidos de su corazón
Su fuerte pertenencia a la Congregación, la llevaba a agradecer y a sentir como suyo, cualquier detalle que alguien tuviera o hubiera tenido a lo largo de la historia, con las Apostólicas, y a veces nos reíamos con ella, cuando la oíamos repetir agradecida, lo que algunas personas nos habían ayudado en los tiempos de escasez y dificultad…
En el año 1.992, viajó a México, y esto fue para ella un motivo especial de alegría y agradecimiento… disfrutó mucho visitando las comunidades, conociendo aquellas tierras, aquellas hermanas y aquellas culturas, al mismo tiempo que dejó entre aquellas gentes queridas, el sabor a evangelio que dejan las personas que viven desapareciendo y que siempre parece que están teniendo motivos para sonreír…
En la Residencia, donde ha vivido, su último tiempo, ha sido un ejemplo para las trabajadoras, auxiliares, enfermeras... comentando admiradas "es una santa".
“Ayer vino a verla Pablo, -nos dicen en la Comunidad de Daimiel- un hombre de 84 años, de un grupo de Vida Ascendente y al saber cómo se encontraba, nos repetía sin cesar como un mantra: "Era muy poquita cosa, pero era muy buena, muy buena..."
Al final, quiero recordar lo que a veces nos decimos unas a otras bromeando… “cuando yo pase por esto que tu estás viviendo, me pido ser como tú…” porque hoy estamos seguras, que con un poco de humor también, podremos decir admiradas: “gracias Rafaelilla, por tu vida sencilla y plena…
me pido ser como tú...” “porque Dios te ha descubierto, muchas cosas, que ha ocultado a los sabios y entendidos de la tierra…” (Mt.11,25)
Justa Cantolla Simal, Apostólica del Corazón de Jesús - Ecónoma-.